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¿Por qué vives aquí?

Si tú pudieses crear una ciudad nueva, ¿Cómo sería?

¿Cómo te gustaría que fuesen los habitantes de esa ciudad ideal?


¿Cómo crees que te sentirías en tu ciudad ideal?

¿Qué es lo que menos te gusta de una ciudad?

¿Con qué asociarías el buen funcionamiento de una ciudad?

¿Por qué vives aquí?

  1. Porque tiene mucha oferta cultural. Se vive y se aprende en la ciudad, en sus calles, con su gente.
  2. Porque el cielo es muy luminoso.
  3. El tamaño mediano, lo suficientemente pequeño para dar una cobertura fácil al viandante, y grande como para albergar grandes infraestructuras.
  4. Una ciudad moderna, con una mirada al futuro y muchas posibilidades. Una ciudad en movimiento.
  5. Oportunidades, calidad de enseñanza, oferta cultural y laboral, es todo lo que una persona joven necesita. Pero aún así, me parece  una ciudad impersonal.
  6. La conciencia de la gente que vive aquí es de “agradar al vecino”, ser amable, respetuoso, hacer que te sientas como uno más, no un extranjero. Son hospitalarios.
  7. Es una ciudad cómoda para vivir.
  8. La facilidad en las relaciones personales (proximidad).

Si tú pudieses crear una ciudad nueva, ¿Cómo sería?

  1. Crearía más espacios comunes para fomentar las relaciones personales.
  2. Tendría un paisaje variado, para disfrutar de la naturaleza: montañas y playas.
  3. Como dice Koolhaas, dotar a la ciudad de una identidad, para que las ciudades contemporáneas no tengan el patrón aeroportuario , es decir, que sigan un mismo patrón. De ahí que me pareciese importante un símbolo, y una apuesta cultural y social ejemplar. Un mapa urbanístico perfectamente geométrico mata el espíritu de una ciudad.
  4. Una ciudad cerca del mar pero con una gran facilidad para los desplazamientos. Una ciudad donde se integrasen lo nuevo y lo viejo en perfecta armonía.
  5. Una ciudad constituida por un solo edificio que contuviese todo lo necesario para vivir. Rodeando a esta ciudad-edificio solo habría naturaleza.
  6. Una ciudad sostenible que produjese todo lo que pudiese necesitar para mantenerse, pero antes pensaría: ¿es realmente necesaria otra ciudad?.
  7. Una ciudad donde los desplazamientos fuesen fluidos y hubiese grandes zonas verdes.
  8. Poder moverte a todos sitios y que viniese gente de todas las partes del mundo. ¡ Ah! Y sol, mucho sol.

¿ Cómo crees que te sentirías en tu ciudad ideal?

  1. Integrado (parte de un todo)
  2. En paz
  3. Orgulloso
  4. Satisfecha
  5. Libre
  6. Alegre
  7. Feliz
  8. Motivado

¿Cómo te gustaría que fuesen los habitantes de esa ciudad ideal?

  1. Emprendedores
  2. Cívicos
  3. Concienciados social y ecológicamente.
  4. Educados
  5. Generosos
  6. Optimistas
  7. Bondadosos
  8. Inconformistas

¿Qué es lo que menos te gusta de una ciudad?

  1. Las prostitutas
  2. Las tribus urbanas y su capacidad de corromper a los más jóvenes
  3. El olor a pis y alcohol
  4. Encontrarme en el lugar equivocado, en el momento equivocado
  5. Una bomba de la E.T.A., o de los islamistas
  6. Un golpe de estado, un dictador, una crisis económica…
  7. El crimen organizado
  8. Las calles oscuras, los barrios conflictivos

¿Con qué asociarías el buen funcionamiento de una ciudad?

  1. Batman
  2. Con fuentes, estatuas y el césped verde
  3. Necesitas policías en una ciudad para que mantengan el orden y la seguridad
  4. Que los policías fuesen más simpáticos
  5. Salir de fiesta todas las noches
  6. Me imagino que tendría una excelente cobertura sanitaria
  7. Las ardillas,…¡jamás las palomas!
  8. Imposible de parar. Una lacra que sufre toda gran ciudad


Michel Foucault “De los espacios otros” (“Des espaces autres”). Conferencia dictada en el Cercle des études architecturals, 14 de marzo de 1967, Publicada en Architecture, Mouvement, Continuité, n 5, octubre de 1984. Traducida por Pablo Blitstein y Tadeo Lima (fragmento).

Por supuesto, se podría emprender la descripción de estos diferentes emplazamientos, buscando el conjunto de relaciones por el cual se los puede definir. Por ejemplo, describir el conjunto de relaciones que definen los emplazamientos de pasaje, las calles, los trenes (un tren es un extraordinario haz de relaciones, ya que es algo a través de lo cual se pasa, es algo mediante lo cual se puede pasar de un punto a otro y además es también algo que pasa). Se podría describir, por el haz de relaciones que permiten definirlos, estos emplazamientos de detención provisoria que son los cafés, los cines, las playas. Se podría también definir, por su red de relaciones, el emplazamiento de descanso, cerrado o medio cerrado, constituido por la casa, la habitación, la cama, etc. Pero los que me interesan son, entre todos los emplazamientos, algunos que tienen la curiosa propiedad de estar en relación con todos los otros emplazamientos, pero de un modo tal que suspenden, neutralizan o invierten el conjunto de relaciones que se encuentran, por sí mismos, designados, reflejados o reflexionados. De alguna manera, estos espacios, que están enlazados con todos los otros, que contradicen sin embargo todos los otros emplazamientos, son de dos grandes tipos.

Están en primer lugar las utopías. Las utopías son los emplazamientos sin lugar real. Mantienen con el espacio real de la sociedad una relación general de analogía directa o inversa. Es la sociedad misma perfeccionada o es el reverso de la sociedad, pero, de todas formas, estas utopías son espacios fundamental y esencialmente irreales.

También existen, y esto probablemente en toda cultura, en toda civilización, lugares reales, lugares efectivos, lugares que están diseñados en la institución misma de la sociedad, que son especies de contra-emplazamientos, especies de utopías efectivamente realizadas en las cuales los emplazamientos reales, todos los otros emplazamientos reales que se pueden encontrar en el interior de la cultura están a la vez representados, cuestionados e invertidos, especies de lugares que están fuera de todos los lugares, aunque sean sin embargo efectivamente localizables. Estos lugares, porque son absolutamente otros que todos los emplazamientos que reflejan y de los que hablan, los llamaré, por oposición a las utopías, las heterotopías; y creo que entre las utopías y estos emplazamientos absolutamente otros, estas heterotopías, habría sin duda una suerte de experiencia mixta, medianera, que sería el espejo.

El espejo es una utopía, porque es un lugar sin lugar. En el espejo, me veo donde no estoy, en un espacio irreal que se abre virtualmente detrás de la superficie, estoy allá, allá donde no estoy, especie de sombra que me devuelve mi propia visibilidad, que me permite mirarme allá donde estoy ausente: utopía del espejo. Pero es igualmente una heterotopía, en la medida en que el espejo existe realmente y tiene, sobre el lugar que ocupo, una especie de efecto de retorno; a partir del espejo me descubro ausente en el lugar en que estoy, puesto que me veo allá. A partir de esta mirada que de alguna manera recae sobre mí, del fondo de este espacio virtual que está del otro lado del vidrio, vuelvo sobre mí y empiezo a poner mis ojos sobre mí mismo y a reconstituirme allí donde estoy; el espejo funciona como una heterotopía en el sentido de que convierte este lugar que ocupo, en el momento en que me miro en el vidrio, en absolutamente real, enlazado con todo el espacio que lo rodea, y a la vez en absolutamente irreal, ya que está obligado, para ser percibido, a pasar por este punto virtual que está allá.

En cuanto a las heterotopías propiamente dichas, ¿cómo se las podría describir, que sentido tienen? Se podría suponer, no digo una ciencia, porque es una palabra demasiado prostituida ahora, sino una especie de descripción sistemática que tuviera por objeto, en una sociedad dada, el estudio, el análisis, la descripción, la “lectura”, como se gusta decir ahora, de estos espacios diferentes, estos otros lugares, algo así como una polémica a la vez mítica y real del espacio en que vivimos; esta descripción podría llamarse la heterotopología. Primer principio: no hay probablemente una sola cultura en el mundo que no constituya heterotopías. Es una constante de todo grupo humano. Pero las heterotopías adquieren evidentemente formas que son muy variadas, y tal vez no se encuentre una sola forma de heterotopía que sea absolutamente universal. Sin embargo es posible clasificarlas en dos grandes tipos.

En las sociedades llamadas “primitivas”, hay una forma de heterotopías que yo llamaría heterotopías de crisis, es decir que hay lugares privilegiados, o sagrados, o prohibidos, reservados a los individuos que se encuentran, en relación a la sociedad y al medio humano en el interior del cual viven, en estado de crisis. Los adolescentes, las mujeres en el momento de la menstruación, las parturientas, los viejos, etc.

En nuestra sociedad, estas heterotopías de crisis están desapareciendo, aunque se encuentran todavía algunos restos. Por ejemplo, el colegio, bajo su forma del siglo XIX, o el servicio militar para los jóvenes jugaron ciertamente tal rol, ya que las primeras manifestaciones de la sexualidad viril debían tener lugar en “otra parte”, diferente de la familia. Para las muchachas existía, hasta mediados del siglo XX, una tradición que se llamaba el “viaje de bodas”; un tema ancestral. El desfloramiento de la muchacha no podía tener lugar “en ninguna parte” y, en ese momento, el tren, el hotel del viaje de bodas eran ese lugar de ninguna parte, esa heterotopía sin marcas geográficas.

Pero las heterotopías de crisis desaparecen hoy y son reemplazadas, creo, por heterotopías que se podrían llamar de desviación: aquellas en las que se ubican los individuos cuyo comportamiento está desviado con respecto a la media o a la norma exigida. Son las casas de reposo, las clínicas psiquiátricas; son, por supuesto, las prisiones, y debería agregarse los geriátricos, que están de alguna manera en el límite de la heterotopía de crisis y de la heterotopía de desviación, ya que, después de todo, la vejez es una crisis, pero igualmente una desviación, porque en nuestra sociedad, donde el tiempo libre se opone al tiempo de trabajo,el no hacer nada es una especie de desviación.

No son sólo las pequeñas librerías las que están llegando a su final, es todo el pequeño comercio. ¿Qué se quiere?, ¿que la gente se solidarice con el pequeño comercio? No, la gente va a sus intereses, y si lo encuentra todo en el centro comercial, compra en el centro comercial. Hay algo que no se dice, y es que en el centro comercial no hace falta hablar, al contrario que en las tiendas, uno coge lo que necesita, paga y se va. Hay que asumir que hay cosas que ya no son necesarias, y el mundo no puede convertirse en un museo. El problema no está tanto en la existencia del centro comercial; todo está en el desplazamiento del poder. Son las multinacionales las que mandan y los centros comerciales son puntos de implantación de un sistema económico, el nuestro. Lo que se plantea es qué tipo de vida queremos. El único lugar público seguro que existe es el centro comercial, como antes lo era el parque, la calle, la plaza. No añoro otros tiempos, pero para entender el presente hay que referirse al pasado. El centro comercial es la nueva catedral y la nueva universidad: ocupa el espacio de formación de la mentalidad humana. Los centros comerciales son un símbolo. No tengo nada contra ellos, de lo que estoy en contra es de una forma de ser, de un espíritu casi autista de consumidores obsesionados por la posesión de cosas. Es aterradora la cantidad de cosas inútiles que se fabrican y se venden, y las Navidades son una ocasión estupenda para comprobarlo.

 

“José Saramago: ‘La globalización es el nuevo totalitarismo”, Época, Madrid, 21 de enero de 2001
José Saramago en sus palabras

LA CIUDAD EXQUISITA

Una sociedad ideal sería aquella en la que el hombre abandone todo lo superfluo, lo material, libre de prejuicios, de ambición de poder, sensible a lo que sucede en su entorno, una sociedad que se interese más por la flora y la fauna que por explotar los recursos para fabricarnos una forma de vida muy por encima de nuestras posibilidades. Una sociedad en la que la densidad demográfica no supere los recursos naturales disponibles, en la que  la educación sea el punto prioritario entre los asuntos del gobierno, una sociedad en la que exista una preocupación auténtica por el futuro de las generaciones venideras. Una sociedad no manipulada e inmovilizada por los medios de comunicación.

Una ciudad ideal sería aquella en la que la arquitectura acompañe a la naturaleza, sin rivalizar con ella. Espacios en los que los colores predominantes sean el azul del cielo y el verde de las plantas. Un lugar en que se le dé prioridad a los espacios dedicados a la cultura, la ciencia y a su difusión; y no tanto a las los enormes centros comerciales que sólo incitan a la compra compulsiva. Edificios que no rompan con su entorno respetando alturas, materiales y demás aspectos visuales de su entorno, en resumen una ciudad en la que su sociedad viva con un espíritu humanista, minimalista y emocional.

Urbanísticamente hablando la ciudad debe ser pensada  para el hombre, no para las máquinas, especialmente pensando en los ancianos que en el futuro  constituirán la mayor parte de la población mundial.

Podríamos tener en nuestra ciudad: ¿espacios con grandes zonas verdes?;  ¿con un tráfico ordenado que no perturbe la vida de los ciudadanos?;  ¿con una buena conexión entre los centros de trabajo y de ocio?;  ¿con una notable oferta de actividades culturales y de ocio realizada desde los poderes públicos?,  ¿con buenas ayudas sociales?,  ¿con un buen sistema educativo?. Mi opinión es que en algunas ciudades existe algo parecido a las “utopías”, pero en otras queda mucho por hacer.